2.17.2006

Hombres de mucha fe




Una maratón de noche, de 76 kilómetros y a más de 2, 500 m.s.n.m.


Trujillo - Plaza de Armas. 00:00 horas.
Casi todo Trujillo duerme a esta hora. Sin embargo, en la Plaza de Armas, menos de cincuenta atletas desafían el frío en short y bividí. Ejercitan su cuerpo, a la espera del inicio de la prueba atlética más larga de mundo: la Maratón de la Fe. Se preparan para recorrer los 76 kilómetros que unen a la Capital de la Primavera y a Otuzco.
Familiares y curiosos le dan al ambiente el contexto de una competencia importante. Hace algunas horas, un grupo de artistas, agregaron al certamen música de fiesta. Periodistas radiales, efusivos entusiastas e impulsores de la competencia, hacen sus mejores galas con el micrófono y obligan al corazón a palpitar más de lo habitual y a que se preparé para la llegada de algo importante y trascendental.
Veinte minutos después se da la partida. El ulular de las sirenas advierte el inicio de la prueba. Un corredor chiclayano destaca sobre los demás por dos razones: le saca ventaja al pelotón y corre descalzó. En el jirón Estete, dos adultos salen de su casa obligados por el alboroto y le preguntan al controlador que va a mi lado ¿Hasta donde van a correr? A Otuzco, le responde. El señor pensó que le estaban tomando el pelo, respondió una grosería y se metió a su domicilio.

Cerro Blanco 2:10 a.m.
Un noche antes, la luna alumbró con gratitud esta zona. Hoy parece que se fue para otro lado. Aunque no es la “unánime noche” de José Luis Borges la visibilidad es difícil. Los atletas avanzan ayudados por la luz de los vehículos. Dos corredores trujillanos llevan la delantera.
La primera Maratón de la Fe se corrió en 1989. La prueba nació en el alma y el corazón de Carlos Morales Alza, un atleta trujillano que alguna vez despreció el premio de una prueba que se organizaba en Otuzco, por discrepancias con el sistema de control. Cuando intentó volver a la ciudad andina para “sacarse el clavo” en la misma competencia, diversos motivos se lo impedían: se malograba el carro donde viajaba, asuntos familiares, de salud, etc. “¿Me estás castigando?”, dicen que le preguntó a la Virgen de la Puerta. En penitencia, al año siguiente salió desde Trujillo corriendo a Otuzco: tardó cerca de 10 horas en llegar. Le contó lo vivido al periodista Miguel Espinoza Jumbo y decidieron organizar una prueba atlética. Motivaron a los también periodistas Edilberto Barreto Terrán y a Nancy Ramírez. Buscaron a otuzcanos honorables que ayuden en la organización. Encontraron a Ángel Gutiérrez y a su familia.
Antes de cristalizar la idea, hicieron la consulta a un connotado periodista uruguayo que trabaja en nuestro país. El hombre de medios se mofó de ellos. Dijo que nadie podía llegar a recorrer 76 kilómetros. Se desilusionaron, pero no claudicaron. La prueba se organizó siete años consecutivos, hasta la muerte de don Angel. En el 2003 volvió con fuerza y este año es su décima edición.
Todos los maratonistas han pasado el control. Próxima parada Shirán.

Shirán: 3:30 a.m.
La maratón debe ser el deporte más solitario que existe. En esta parte de la ruta, algunos avanzan solos y a oscuras. Para muchos es inexplicable que personas que por la calle parecen desnutridos, corran horas y horas. En las maratones pocos compiten por los premios y muchos por el solo hecho de correr. En esta competencia existe mil dólares para el primero y 500 para el segundo. Los otros parece que luchan por el trofeo de la voluntad. De la victoria de la mente sobre los músculos.
En este lugar, empieza la parte más difícil de la carrera. Los atletas seguirán la carretera antigua. Es decir una trocha polvorienta de cuestas demenciales y de curvas pronunciadas. En la Maratón de New York, la más importante del mundo, los participantes llevan un chip en las zapatillas que al pisar una alfombra sofisticada se controla su ubicación y el puesto en que van. En la Maratón de la Fe, se emplea pintura en spray para marcar a los participantes y saber que pasaron el puesto de control.
El récord de la prueba lo tuvo hasta ayer, el huamachuquino Jesús Baylón Ríos con una hora 18 minutos y 35 segundos. El periodista Miguel Espinoza Jumbo es un libro abierto de esta competencia. Recuerda que el primer año, el atleta Baylón ingresó primero a la ciudad de Otuzco y se encontró con un grupo de amigos que llegaron desde Huamachuco para alentarlo festejando con cerveza. Le alcanzaron un vaso de licor y deportista se desmayó. No terminó la carrera. Al siguiente año, regresó dispuesto a no cometer sandeces y marcó el récord.

Otuzco – Plaza de Armas. 6:30 a.m.
La ciudad sigue de fiesta. La celebración por la Virgen de la Puerta muestra su lado pagano. Decenas de personas poseídas por el licor bailan en la Plaza de Armas a ritmo de una banda de músicos que está ubicada en el estrado donde se premiará a los ganadores de la maratón
Quienes seguimos la carrera, sabemos que Raúl Camarena Marco de 29 años, natural de Jauja (Huancayo) ganará. A la altura del Samne, el deportista se separó de sus rivales y logró una ventaja considerable.
Maratonista a la vista. Camarena con su bividí rojo ingresa a la plaza, la banda interrumpe la marinera y entona una música de vencedor, igual a la que interpretan cuando cae una yunza en una fiesta de carnaval.
Los que seguimos la carrera confirmamos algo que empezábamos a sospechar cuando el jaujino avanzaba a un buen ritmo el último tramo de la prueba: impuso un nuevo récord: 1 hora 15 minutos 20 segundos. El mérito de Camarena es el premio al esfuerzo y a la planificación. Dos años atrás, participó y se quedó a medio camino por una lesión. Sabía lo difícil que era, por eso se preparó con su primo y entrenador Luis Gutiérrez Altamirano, quien después de los 30 kilómetros de competencia cumplió un papel importante en la hazaña de su pupilo: por tramos corrió juntó a él para rehidratarlo con líquidos y frutas secas. Cuando el cuerpo ya no tiene donde absorber glucógeno, lo empieza a tomar del cerebro, allí es cuando empiezan los desmayos y la pérdida de conciencia.
“Me prepare para ganar la carrera, no para marcar un récord; pero me siento contento que lo haya logrado. El premio lo emplearé en implementos deportivos y para pasar una buena navidad con mi familia”, dijo Camarena.
En segundo lugar llegó José Choca Loayza de Huancayo con un tiempo de 6h 35m 53s. En tercer lugar, Edgar Ureta Huaylas, también de Huancayo, en 6h 47m 30s. En cuarto lugar el huancavelicano, Remigio Huamán Quispe con 6h 52m 00s.
La Maratón de la Fe es la más difícil del mundo por tres razones: es la única que tiene un recorrido de 76 kilómetros (lo máximo es de 42), se disputa en altura y se corre de noche. Ojalá que la familia Gutiérrez, con su Asociación “Vuelven los Gutiérrez” y el grupo de entusiastas periodistas nunca claudiquen en su organización. Hasta el próximo año.
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